Cómo escribir tu discurso

Seguro que alguna vez has entrado a una conferencia o charla atraído por su título, y has entrado con el convencimiento de que en ella vas a conseguir un aprender sobre algo que te interesa solo para descubrir que el orador se va por las ramas frecuentemente y su discurso es una secuencia de ideas muchas veces inconexas. En éste post te enseñamos cómo escribir tu discurso para que llegue con claridad a tu audiencia.

Seguro que también te ha pasado: Seguro que alguna vez has entrado a una conferencia o charla atraído por su título, y has entrado con el convencimiento de que en ella vas a conseguir un aprender sobre algo que te interesa

Y luego, una vez allí, has descubierto que la persona a la que le toca exponer ha comenzado a divagar sobre lo divino y lo humano, yéndose por las ramas cada cierto tiempo, y ha convertido su discurso en una serie de frases inconexas. Frecuentemente recurre al: ‘¿Dónde estábamos? ¡Ah sí!, estábamos hablando de X cosa, continuamos…’ Solo para comprobar que se vuelve a perder en detalles irrelevantes a los que le lleva su confusa mente.

Seguramente esa persona tenía mas o menos claro el tema sobre el qué iba a tratar su charla o conferencia pero le faltó dedicar el tiempo necesario para establecer un objetivo claro y una estructura sencilla y coherente en la que apoyarse para contar lo que quería contar de forma que se entendiese.

En las próximas líneas veremos que escribir la charla, conferencia o presentación que vamos a dar es imprescindible para consolidar el mensaje y pulirlo de forma que sea lo mas efectivo posible. Debemos definir claramente qué es lo que queremos transmitir y escoger las palabras mas adecuadas para transmitir ese mensaje de una manera clara y eficaz a nuestra audiencia.

Vamos por partes: lo primero que vamos a hacer es definir claramente cuál es el objetivo que queremos comunicar. Existen dos tipos de objetivos: genéricos y específicos.

Dentro de los objetivos genéricos,  como regla general, la mayor parte de charlas o conferencias entran dentro de uno de estos cuatro tipos de objetivos: informativo (el objetivo es informar), persuasivo (el objetivo es persuadir a nuestra audiencia para que haga algo), de entretenimiento (el objetivo es simplemente entretener) o inspirador (inspirar a nuestra audiencia).

Una vez hayamos definido este objetivo genérico, detallaremos el objetivo específico del mensaje que queremos comunicar. El objetivo específico se refiere a sobre qué vamos a hablar concretamente. Aquí debemos tener en cuenta que el tiempo que tendremos es limitado así que cuanto más específico y centrado sea el objetivo, tanto mejor para nosotros y para nuestra audiencia.

Por ejemplo, en lugar de contar cómo hablar en público (un tema muy amplio y que requerirá de mucho tiempo para poder desarrollarlo), podemos  contar las partes que debe tener cualquier charla o conferencia.  Este último objetivo es mas específico que el anterior y con él podremos lograr que la audiencia se vaya con un conocimiento específico del asunto en un tiempo limitado.

El siguiente paso, una vez que hemos definido el objetivo genérico y específico (Que debe ser claro y conciso), es definir los puntos que vamos a comunicar, que generalmente serán dos o tres puntos solamente. Comunicar mas ideas hará que no se comprenda bien el mensaje. Aquí, junto con los puntos, es importante detallar bien las ideas o hechos que sirven de soporte a cada punto y que ayudan directamente a comprender el objetivo específico que hemos fijado. Desviarnos de esa idea hará que la fuerza de nuestro mensaje disminuya.

Siguiendo el ejemplo anterior, detallaremos que toda charla o conferencia tendrá tres partes:

  • Inicio o introducción
  • Cuerpo o desarrollo
  • Cierre

Esta es una estructura útil y muy utilizada y, continuando con el ejemplo, estas son las tres ideas que desarrollaremos en nuestro ‘cuerpo’, indicando la siguiente información:

En el inicio informaremos de forma sucinta sobre qué vamos a hablar,

En el cuerpo del mensaje daremos los puntos de información que hemos definido

En el cierre concluiremos haciendo un pequeño resumen de lo que hemos hablado.

Una vez tenemos listo el esquema de nuestro discurso, nos disponemos a escribirla. Aquí lo primero que debemos tener en cuenta es que hay que escribir para quien lo escuche, y que normalmente no hablamos como escribimos. Así, escribir el mensaje requerirá de cierta adaptación para que nuestra escritura se ajuste a nuestra forma de hablar.

Lo mejor es ir practicando la charla o conferencia según la vamos escribiendo para ver si las palabras que hemos usado se ajustan a la forma que hablamos o si por el contrario tenemos que escoger otras.

Quizás no es necesario escribir palabra por palabra todo el texto que vamos a comunicar, ya que además, corremos el riesgo de que se nos olvide.

Alternativamente podemos escribir solo las ideas principales del esquema en un folio, ideas que iremos desarrollando sin guión.

Quizás lo mas importante de todo esto es escoger un set de palabras con las que podamos hacer que nuestra audiencia pinte en su mente imágenes claras con los puntos que hemos definido. Así, las palabras que usemos deben ser vivas y descriptivas. Tan descriptivas que permitan a la audiencia ver, tocar, escuchar, oler y degustar en su mente aquello que estás describiendo.

Para ayudar a fijar ideas, pueden resultar de utilidad los recursos retóricos. Algunos recursos retóricos que son útiles son los siguientes:

Aliteración: Es la repetición de algún sonido en la misma frase con la intención de obtener un efecto sonoro. Por ejemplo en éste verso de Rubén Darío se usan palabras con ‘l’ como aliteración: ‘Con el ala leve del leve abanico’.

Onomatopeya: Cuando usamos las palabras para recrear sonidos naturales. Ej: El ‘tic-tac’ del reloj.

Metáfora: Cuando identificamos un término real con algo imaginado. Ej: La ignorancia es un cáncer que debe ser curado.

Comparación o símil: Cuando identificamos un término real con algo imaginado, usando nexos (como, que, tal y como, de, etc). Ej: Vino con un coche azul  como el mar.

Hipérbole: Es una exageración muy grande. Un buen ejemplo es éste de Quevedo: ‘Erase un hombre a una nariz pegado’.

Ironía: Decir lo contrario de lo que se piensa. Debemos tener el contexto en el usamos éste recurso para no caer en el error de que se pueda interpretar de forma literal. Un ejemplo: Odias la contabilidad pero dices –‘Hoy toca hacer contabilidad… ¡Lo  mas apasionante de mi trabajo!’

Tríadas: Agrupar las ideas de tres en tres es un recurso muy útil ya que de ésta forma forjamos un ritmo agradable, dramático y de alguna forma, más memorable. Ej: Permaneciendo unidos alcanzaremos el éxito individual, de nuestro grupo y de la sociedad a la que pertenecemos.

Y así finalizamos la escritura del texto. Para recapitular, primero hemos definido un objetivo genérico y otro específico (Qué queremos comunicar), hemos realizado un esquema detallando qué vamos a contar en la apertura, cuáles son las dos o tres ideas que vamos a desarrollar en el cuerpo y un resumen de todo en el cierre.

Luego, hemos escogido palabras muy descriptivas para el texto que nos garantizan que escribimos para que la gente escuche e imagine en su mente las ideas. También hemos usado recursos retóricos que hemos considerado útiles.

Ahora, es tiempo de practicar para que nada falle.

Cómo dar tu charla