
Si has hecho alguna vez el Camino de Santiago, te sonará esto de lo que vamos a hablar en este artículo. Y es que, el objetivo no es el fin.
Así, el objetivo de todo peregrino que hace el Camino de Santiago es llegar a Santiago y darle un abrazo al Santo. Eso es lo que todos tenemos en mente cuando iniciamos el Camino. Pero ese no es el fin, ni mucho menos. El fin es otro bien distinto que responde a la pregunta ¿Para qué hago yo el camino?
Ese fin que buscamos al hacer el Camino de Santiago puede ser tener un espacio personal de reflexión que nos ayude a encontrarnos con nosotros mismos. También ese fin puede ser vivir una aventura diferente. O quizás sea aprender de desconocidos con los que nos encontraremos durante varios días o semanas. Ese fin puede ser demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces de caminar un montón de kilómetros en cada etapa sin importar si llueve mucho o hace un sol de justicia.
La meta, el objetivo, es llegar a Santiago y dar un abrazo al Santo, pero la finalidad seguramente sea otra bien distinta.
Ahora piensa: ¿Para qué haces lo que haces?
Pongamos que te has fijado una meta, que es llegar a Santiago y darle un abrazo al Santo. Pongamos que para ello has fijado unos hitos intermedios, que son estos: Vas a caminar 80 kilómetros al día para llegar a Santiago de Compostela en una semana.
¿Es factible? Sí, lo es; siempre y cuando hayas entrenado antes y no te surja ninguna lesión por el camino.
¿Tiene sentido? Puede, depende de la finalidad que persigas. Si es conseguir un record Guinness porque nadie lo ha hecho, tendrá sentido para ti.
También tendrá sentido para ti si lo que buscas es cumplir con el expediente de forma rápida, quizás para presumir de lo que has hecho, aunque no disfrutes del camino ni del proceso.
Ahora: ¿Quieres disfrutar del camino o quieres ir rápido y a por otra cosa? Eso depende de ti solamente…
Depende de lo que valores y depende de la situación en la que te encuentres. Ten en cuenta no obstante que no podemos volver atrás en el tiempo y que cada acción que realizamos es única. Por lo tanto, debemos aprovecharla lo mejor posible para que ese tiempo sea de calidad y sea recordado como tal. Es decir, si no vamos a disfrutar haciendo 80 kilómetros al día porque nos vamos a perder la parte de charlar con el resto de peregrinos, porque vamos a llegar extenuados a la menta y porque luego vamos a tener que estar una semana descansando para recuperarnos; entonces quizás sea mejor replantearnos por qué hacemos el camino de Santiago y qué queremos conseguir con ir tan rápido.
Porque quizás es mejor ir más despacio y disfrutar del camino….
Lo mismo podemos aplicar a nivel profesional. Si nos marcamos un objetivo de ganar, por ejemplo, 200.000€ en un año y ello hace que ese año nuestra vida se dedique exclusivamente a trabajar durísimo durante 7 días a la semana, durmiendo poco, comiendo mal, olvidando a nuestra familia y amigos, quizás es bueno replantearse ese objetivo y, en lugar de comprimirlo en un año, se puede repartir en tres e ir disfrutando más relajadamente del camino.
Es una decisión personal, pero sobre todo hay que tener en cuenta que el tiempo que dediquemos a algo ya nunca más se va a recuperar, por lo que es necesario dedicarlo a cosas que merezcan la pena e ir disfrutando de ellas. De otra forma, pasado un tiempo, lamentaremos no haberlo dedicado a lo que merecía la pena.
De aquí en adelante, cuando te plantees un nuevo reto, un nuevo objetivo o una nueva meta debes pensar qué es lo que vas a tener que dejar de lado para conseguirlo y cuánto te va a llevar conseguirlo. Por ejemplo, si te pones como objetivo finalizar un maratón (o construir una página web), debes tener en cuenta que tendrás que entrenar entre una y tres horas durante cinco días a la semana. Este tiempo tendrás que quitarlo de algún lado: De tu trabajo, de tu familia, de tus amigos, de tus aficiones, de tu descanso…
Y si quieres hacer una buena marca, además deberás controlar bien tus hábitos alimenticios y tu reposo, y tendrás seguramente que entrenar más horas.
Una vez que sabes todo esto, plantéate si realmente quieres hacer una buena marca en el maratón, o solamente finalizarlo, o quizás una vez planificado te hayas dado cuenta de que lo que tienes que poner de tu parte te va a llevar mucho más de lo que vas a conseguir y que no vas a poder disfrutar del camino.
Obviamente, si es la primera vez que entrenas para un maratón o que haces una página web, será difícil que sepas cuánto tiempo de entrenamiento te va a llevar. En ese caso, simplemente comenzarás con un entrenamiento estándar, unas nociones básicas que hayas encontrado o que te hayan comenzado y según vayas avanzando te irás dando cuenta si esto es para ti o no lo es. Quizás pasadas unas semanas no le encuentres sentido y decidas abandonar. Ahí entra en juego tu mente: Puedes seguir y finalizar lo que te has propuesto o puedes abandonar. Seguramente sea bueno que no abandones en la primera ocasión, sino que, siguiendo el ejemplo, finalices los entrenamientos y corras el maratón (O construyas la página web). Y una vez lo hayas hecho, ya podrás decidir si merece la pena o no. Porque es en ese momento cuando sabrás si esto es algo que es importante para ti o no lo es. Es bueno que te dieras cuenta de ello y es bueno que rectifiques hacia cosas que sí te llenan porque así es como se construye una vida feliz y en la que disfrutas del camino en cada momento, pero recuerda que no todos los caminos por los que vayas estarán asfaltados.
Y sobre todo, recuerda que lo importante no es tanto llegar a la meta como disfrutar del camino.
